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La Sainte-Chapelle y la Conciergerie: dos rostros de París

Fabiola Sofía Masegosa


La Sainte-Chapelle
La Sainte-Chapelle

Saliendo de la Sainte-Chapelle, basta con recorrer varios metros para llegar a la Conciergerie, un edificio que representa un contraste radical. Si la capilla transmite luz y trascendencia, la Conciergerie nos habla del poder terrenal y del drama histórico. Formaba parte del mismo palacio de la Cité, que fue residencia real entre los siglos X y XIV, pero al paso de los siglos perdió esta función y se convirtió en prisión bajo la custodia de un conserje real, de donde procede su nombre. El primer impacto es arquitectónico: las grandes salas góticas, como la impresionante Salle des Gens d'Armes, con bóvedas que se alzan hasta ocho metros y medio y capiteles esculpidos con motivos vegetales o escenas de luchas, transmiten todavía la grandeza de lo que fue un palacio digno de monarcas. Pero esa belleza convive con un pasado cargado de recuerdos trágicos.

Entrada a la Sainte-Chapelle
Entrada a la Sainte-Chapelle

Durante la Revolución Francesa, la Conciergerie se transformó en la prisión más temida de París. Aquí se instaló el Tribunal Revolucionario y los acusados ​​que entraban sabían que era la puerta del patíbulo. Maria Antonieta es la prisionera más célebre: trasladada la noche del 1 al 2 de agosto de 1793, fue encerrada en una celda austera e incomunicada hasta su juicio y ejecución en octubre. Hoy, en el recorrido de la visita, una capilla conmemora ese episodio e invita a reflexionar sobre la fragilidad de la condición humana ante la historia. Pero no fue sólo la reina la que pasó: científicos como Lavoisier, poetas como André Chénier o políticos como Danton también conocieron aquellas celdas antes de ir a la guillotina. En los meses más duros del Gran Terror, la Conciergerie se ganó el apodo de «infierno de los vivos», con cientos de prisioneros hacinados en condiciones insalubres. Pasear hoy por sus salas es sentir el peso del tiempo y de los destinos que se decidieron, como si las mismas piedras recordaran las voces de quienes esperaron el veredicto final.

Después de este recorrido intenso, cargado de belleza y también de dramatismo, pusimos rumbo a nuestro alojamiento: el hotel Ibis París Torre Eiffel Cambronne. Situado en el distrito XV, a tan sólo quince minutos a pie de la torre más emblemática de la ciudad, ofrece un contraste absoluto con la jornada vivida. La modernidad, la practicidad y el confort toman el relieve después de sumergirnos en siglos de historia. Las habitaciones funcionales y luminosas, algunas con vistas a la Torre Eiffel, se convierten en el refugio perfecto para descansar. Además, el servicio es ágil, el desayuno buffet variado y el ambiente acogedor, por lo que el viajero se siente bienvenido desde el primer momento.

Celda de Maria Antonieta a la Conciergerie
Celda de Maria Antonieta a la Conciergerie

Este itinerario, que había comenzado ante Notre-Dame y que nos había llevado a la luz sagrada de la Sainte-Chapelle y en la memoria trágica de la Conciergerie, se cerraba con el descanso sereno en un hotel contemporáneo. Tres experiencias muy distintas, unidas en un mismo día, que reflejan los múltiples rostros de París: ciudad espiritual, ciudad histórica y ciudad moderna. En ningún otro lugar como aquí se puede viajar con tanta facilidad del siglo XIII al XXI, de las catedrales góticas en los hoteles urbanos, de la luz de las vidrieras en los recuerdos de la Revolución y, finalmente, en la calma de una habitación que espera al final de la jornada. Es este contraste el que hace que París sea inagotable y que cada visita deje una impronta nueva, como si la ciudad tuviera la virtud de reinventarse a cada paso.

 
 
 

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